¿Dónde está vuestra fe?
Y uno de aquellos días, entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y se hicieron a la mar. Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió; y una violenta tempestad descendió sobre el lago, y comenzaron a anegarse y corrían peligro. Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y Él, levantándose, reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma. Y Él les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciéndose unos a otros: ¿Quién, pues, es este que aun a los vientos y al agua manda y le obedecen?
¡Maestro, Maestro, que perecemos!
Es curioso pensar en cómo una persona puede permanecer dormida en medio de una tormenta mientras está apretada en una pequeña barcaza siendo azotada por una tormenta violenta. Claro está que Jesús sabía lo que iba a suceder y lo que tenía que hacer.
Jesús impartiría una lección a sus discípulos, una lección que es igualmente relevante para nosotros y nuestros hijos en estos tiempos, una lección que debemos arraigar en nuestras mentes y corazones: DEBEMOS TENER FE EN JESÚS INDEPENDIENTEMENTE DE LAS CIRCUNSTANCIAS.
El momento era difícil, como suele serlo para cualquier ser humano. En la actualidad, nos enfrentamos a muchas tormentas feroces en la vida.
Sin embargo, a pesar de todos nuestros problemas y las dificultades de la situación, podemos confiar en Jesús.
Él sabe lo que está sucediendo y el momento exacto para calmar la tormenta y el mar.
Jesús no les reprocha a sus discípulos por haberlo despertado, sino porque permitieron que el miedo los dominara.
Es evidente que permitió que esta situación ocurriera para fortalecer su fe y mostrar su poder para realizar cualquier tipo de milagro.
Después de todo, él es el Hijo de Dios y es Dios mismo.
¿Que tenemos que hacer entonces?
En resumen, esta historia aprendimos con nuestros niños: la importancia de mantener nuestra fe en Jesús, incluso en medio de las peores circunstancias. Él tiene el control y puede traer calma a cualquier tormenta en nuestra vida. Así que, como discípulos de Jesús, podemos confiar en que Él nos guiará y nos protegerá a través de las tormentas de la vida.

